CONFERENCIA INTRODUCTORIA A LA PEDAGOGIA WALDORF

A Profesores y Estudiantes de Pedagogia:

Los invitamos este lunes 22 de Diciembre a una conferencia introductoria a la Pedagogía Waldorf.

La Pedagogía Waldorf surge desde lo más íntimo de la ciencia espiritual antroposófica, puesto que surge como un ejemplo de la iniciativa puramente cultural, donde sólo alienta, alejado de toda influencia política o económica, el interés por el ser humano, por el ser humano en cierne, y donde, por lo mismo, pueda el maestro o maestra recorrer el camino que conduce hacia el arte de educar.

La conferencia será dictada por el Sr. Claudio Rauch, pionero de la actividad antroposófica en Chile, y creador de las primeras instituciones pedagógicas y terapéuticas: el Colegio Waldorf Giordano Bruno y el Colegio Terapéutico Miguel Arcángel. Actualmente se desempeña como terapeuta en la Comunidad Terapéutica de Cuyuncaví  y forma pedagogos, médicos y terapeutas en el Seminario de formación Antroposófica que realiza desde 1979. Desde ese mismo año, su actividad como conferenciante se extiende a más de 1.250 conferencias ofreciendo los frutos de una penetración profunda en la antroposofía e inspirando así, la renovación de los distintos ámbitos del quehacer humano.

Es de suma urgencia preparar profesores y profesoras enteramente dentro del carácter más arriba descrito, y así, junto a quienes se sientan llamados, formaremos un grupo de trabajo intenso desde el verano y a lo largo del año 2015.

Dirección: Galvarino Gallardo 2155, Providencia, a pasos de Carlos Antúnez con Ricardo Lyon,  cerca del metro Los Leones y Pedro de Valdivia. Horario: de 20 a 22 horas Adhesión voluntaria (previa inscripción)

Inscripciones e información: inscripcionesconferencias@gmail.com

CORPORACION KASPAR HAUSER

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Como evitamos que nuestros niños se transformen en adictos, y NO como curamos las adicciones

Los diarios nos comunican que “la Televisión favorece el sedentarismo, esto está muy ligado a la “epidemia” de sobrepeso y obesidad”, que “los menores de 2 y o 3 años no debieran ver TV, o máximo 2 horas diarias los preescolares”, que”todos los países están dando la batalla a la adicción juvenil a Internet”…etc., etc. Estos son algunos de los titulares de los últimos tiempos.

Pero, ¿qué hacen los niños en sus casas, en las guarderías y jardines infantiles? en su mayoría les ponen televisión y /o los niños juegan con juguetes electrónicos.

A menudo se escucha decir que los niños en la educación básica no escuchan, que son incapaces de estar quietos, que son irrespetuosos. Pero los niños, ¿cómo pueden estar bien, si desde guaguas “conocen” más el mundo virtual que el real?

¿Qué hay detrás del mundo real?, ¿de la Creación? Hay una esencia, que el niño pequeño capta. El puede tocar la naturaleza, verla, olerla, oírla, etc.

Y ¿qué hay detrás de las imágenes de la televisión o de la Internet? Electricidad.

El niño está tranquilo, …casi hipnotizado, …como si estuviese “enchufado”, por horas.

Si de pequeños no le permitimos moverse, jugar y sólo estar mal sentado o echado viendo sus programas, sus monitos “inofensivos”, ¿qué sucederá? Para responder esto preguntémonos ¿qué pasa con los niños del primer septenio? Ellos tienen que moverse, tienen que imitar movimientos humanos, movimientos nobles, armoniosos, movimientos de la naturaleza. Sin embargo ¿qué imitan? movimientos de los músicos de rock y otros, o movimientos de las imágenes que transcurren rápidamente una tras otra en un segundo.

Ese niño que se mueve correctamente en este primer septenio (que no ve imágenes virtuales) logrará la quietud para escuchar a sus profesores cuando pase a la Educación Básica. Pero el que no se movió, o sólo imitó movimientos mecánicos será muy pronto un candidato al “Ritalin” (entre otros medicamentos).

¡Dejemos a los niños ser niños! Pero, para eso, requieren de un entorno humano, no de máquinas. Ellos imitan y así aprenden todo en estos años, desde caminar hasta hablar. Sin embargo, todo lo que reciben desde las pantallas es sin “alma”. Por ejemplo, desde las pantallas escuchan una canción infantil, siempre la escucharán cantada desde el frío, no desde el calor de la voz humana, real.

¿Queremos educar correctamente a nuestros niños? Cómo podrá ser esto si ellos, mientras otros se les presentan en las pantallas, pueden comer, hablar y muchas otras cosas. De más grandes, cómo van a escuchar la voz humana o ver a los hombres que pasan delante de ellos? Más bien pasarán por encima, como lo hacen hoy, ya sin ver ni escuchar a nadie ¡Qué hablar de respeto por el otro!

La calidez de la mamá, del papá, de la nana, no se compara al frío de la pantalla o al juguete que se mueve solo, llora, chilla con voz estridente.

Cómo podrán nuestros niños crecer sanamente si los rodeamos de lo insano. Los juguetes adecuados como palitos, conchas, troncos, tierra, arena, …no existen ya. Entonces ¿dónde queda la creatividad, la vida imaginativa del niño? No, todos serán robotizados. Siguiendo el ejemplo de lo que se les dio en lo virtual, se disfrazarán de Blanca Nieves igual a la película que vieron, y se moverán como ella. Nuevamente, dónde está lo creativo del niño que se manifiesta cuando le cuentan el cuento y aun puede escuchar…

¿No es que acaso los niños TODO lo imitan y por lo mismo no discriminan? Para el niño pequeño “el mundo es bueno” (Rudolf Steiner) por lo tanto, incluso el peor ejemplo que se le dé, para él va a ser algo bueno y va a querer transformarse en eso.

Si el niño pequeño no discrimina, esto significa que aún no piensa, y eso es ser niño. Pero ¿qué hacemos los adultos? Los convertimos en pequeños adultos al decirles por ejemplo, ya pues decide ¿qué quieres? ¿Helado de chocolate o de frutilla?

Dónde están los sabios adultos, llámense padres o maestros, que guiaban al niño sabiamente respetando al ser infantil. Hoy todos tienen que ser adultos chicos, “no vaya a ser que les quitemos su libertad”. Pero, no! Los educamos en el caos. Así jamás llegarán a la libertad, sino que al libertinaje. ¿O es que se puede ser libre sin tener aún la capacidad pensante? Los adultos debemos de darles el cobijo en todo sentido, desde el abrazo cálido, a la calidez de guiarlos.

Guiémoslos de pequeños, démosles lo que ellos necesitan y tendremos niños sanos, y no adultos pequeños que se aburren y no saben qué hacer. Les hemos robado la capacidad imaginativa, los estamos robotizando de tal manera que en la adolescencia no les queda más que tomar drogas o suicidarse al darse cuenta del vacío que llevan en su interior, y por lo mismo del no sentido de la vida.

Mónica Waldmann W.

Maestra de Kindergarten del Colegio Waldorf Giordano Bruno

Leyenda de la Normandía

Hace mucho tiempo el Arcángel Micael y el diablo eran casi vecinos y cuando en una noche de invierno estaban sentados juntos, se enojaron: Satanás se jactó de que su poder era ilimitado, en tanto que el Arcángel Micael replicó que solamente Dios era el Todopoderoso.

“Bueno, entonces que Dios te ayude a construir un castillo”, dijo el diablo, “también yo voy a hacer uno; luego veremos cuál de los dos será el más bello”. El Arcángel estuvo de acuerdo. Pronto el diablo mandó todo un grupo de diablillos para traer grandes bloques de granito de todos los lados. hecho lo cual empezaron a trabajar, y ya pronto se levanto un tremendo castillo en una isla, expuesta a los embates de las olas del mar y azotada por las tormentas. Los diablillos arrastraron inmensas cantidades de bloques, de modo que pronto se irguió sobre el mar un macizo montañoso de granito. El diablo se sintió muy orgulloso de su obra, en cambio el Arcángel Micael no se empeñó tanto; de hielo cristalino erigió en la playa unos muros transparentes con atrevidas torres, adornadas de graciosas columnas. Ese castillo, radiante de luz, emitió su brillo diamantino a gran distancia y su resplandor dejó en la sombra las adustas masas de granito. El orgulloso diablo tuvo que admitir que se dio por vencido, y se retiró cabizbajo, pero la envidia no lo dejo dormir. Cuando ya no podía soportar su derrota, preguntó al Arcángel Micael si podrían cambiar castillos y, otra vez, éste estuvo de acuerdo.

Mas al llegar el verano, el palacio del diablo se derritió bajo los calientes rayos del sol, en tanto que el castillo del Arcángel Micael todavía existe hasta nuestros días, y se llama Mont Saint Michel.

Al diablo no le quedaba otra que vivir en una sencilla choza a la orilla del mar, pero poseía fértiles campos, pastos bien regados, unas lomas plantadas de árboles altos y verdes valles. En cambio el Arcángel Micael poseía tan sólo unas dunas de arena y si no hubiera sido por sus diarias oraciones, se hubiera muerto de hambre.

Después de algunos años de mucha carencia el Arcángel Micael se cansó de esa situación, buscó al diablo y le dijo: “Quiero hacerte un ofrecimiento; déjame todos tus campos, los trabajaré lo mejor que pueda y después nos repartiremos la cosecha”.

Le pareció bien al diablo, y el Arcángel Micael siguió: “No quiero que te quejes después de mí; escoge tú mismo lo que prefieras. ¿Lo que crece encima o lo que crece debajo de la tierra?” El diablo sin pensarlo mucho exclamó: ¡Lo que crece encima! “De acuerdo, dijo el Arcángel Micael”.

Seis meses después en el amplísimo territorio del diablo, no se veía sino cultivos de remolachas, zanahorias y cebollas. Satanás no cosechó nada; se quejo amargamente y quiso revocar el contrato. Por su parte el Arcángel Micael se había encariñado con la agricultura y no aceptó la cancelación. Y dijo Satanás: “De acuerdo, a condición de que en este año yo pueda llevarme todo lo que madure bajo la tierra”. El Arcángel Micael asintió, y el diablo lleno de alegría ya no podía esperar las abundantes cosechas.

LLegó la primavera, y he aquí que todos los campos estaban sembrados de trigo, avena, cebada y colza. El diablo, al darse cuenta de que otra vez perdió, de puro enojo se puso rojo como un cangrejo. En el momento en que iba a pegar al Arcángel Micael, este le dió tan tremendo golpe en el lomo que, como bala, fue lanzado a los espacios lejos de la Tierra. En las rocas de Mortain, donde volvió a la Tierra, se ven todavía, hasta nuestros días, las huellas de sus garfios y cuernos.

Para siempre apachurrado, magullado y cojeando, se levantó y miró el fatídico monte; allí hubo Uno más fuerte que él. A El luego le dejó sus campos, pastos y bosques y busco su reino en otra parte:

Cuentos de Hadas en la Pedagogía Waldorf

Mucho se ha escrito y especulado últimamente sobre los cuentos de hadas; se escriben artículos, filman películas, etc. etc. Y la pregunta que está siempre detrás es: ¿es correcto contar cuentos a los niños? En tiempos pasados esta pregunta no tenía sentido. El contar cuentos a los niños era incuestionable.
Actualmente, nuestro pensamiento no cala el contenido real detrás de las imágenes de los cuentos; capta en lo que lee sólo falsedades o imágenes tenebrosas para los niños.
La pregunta es: ¿cuál es la realidad que late detrás de los cuentos de hadas?
En primer lugar hay que poder asumir que todo cuento de hadas debe contarse tal como fue escrito originalmente, sin sacarle ni una sola palabra, puesto que cada palabra está al servicio de la formación de una imagen. Un ejemplo claro de esto lo presentan los cuentos de los Hermanos Grimm, como veremos más adelante.
Si por otro lado vamos a la esencia de lo que son los niños, veremos que ellos entienden el lenguaje de los cuentos ya que ellos mismos viven en un mundo de imágenes. Niños de tres a nueve años a los cuales les contamos cuentos, distan mucho de tener desarrollada la capacidad pensante del adulto. Donde el adulto ve “una escoba”, un niño verá “un caballito” al que monta y arranca galopando. Otro ejemplo simple muestra esta realidad en forma clara: si un niño pequeño pregunta “¿cuándo va a ser mi cumpleaños?”, y el papá o la mamá le dicen: “el seis de junio”, el niño volverá una y otra vez a preguntar “¿y cuándo va a ser mi cumpleaños?”. ¿Por qué pregunta una y mil veces? porque los números y meses son aún una abstracción para él. Pero aquel padre que tiene una comprensión del alma del niño le dirá: “tu cumpleaños será cuando haga frío, cuando las estufas estén encendidas, cuando en el jardín el aromo comience a florecer”. Nunca más el niño volverá a preguntar sobre cuándo va a ser su cumpleaños ya que ahora tiene una imagen, y eso satisface de inmediato su inquietud. Y así son los cuentos, muestran en imágenes el desarrollo de la vida de un hombre y mucho más.
¿No es acaso que todos hemos experimentado en nuestra vida momentos de luz y momentos de oscuridad como en los cuentos? La vida está llena de estos contrastes, y es sólo en la medida que vamos sorteando los obstáculos con nobleza, vamos alcanzando la claridad.
Cuando en un cuento el “joven criado” anhela casarse con la hermosa princesa, ¿no es acaso que deberá pasar al menos por tres grandes pruebas para ir purificando su alma antes de alcanzar la corona principesca, es decir, unir su espíritu al alma de la princesa a través de haber ganado en virtudes de coraje y nobleza? Y esa corona de oro que él alcanza, no son riquezas materiales; son la purificación de nuestra propia alma para encontrarnos con nuestro yo verdadero y así poder hacer lo que nos corresponde en nuestra vida.
En otro cuento se muestra, por ejemplo, cómo la princesa está atrapada en la cueva del dragón, o encantada por una bruja ¿No es acaso que nuestra alma muchas veces se ve atada a las pasiones del cuerpo?  ¿Cómo poder zafarnos de ello? Sólo podemos lograrlo si el príncipe, que representa nuestro propio yo superior, se yergue con coraje sobre estos seres maléficos que son nuestras pasiones, de lo contrario seguiremos siendo consumidos por ellos.
Los niños entienden muy bien este lenguaje. Lo que hay que cuidar es cómo contar los cuentos. A un niño hasta los siete años debemos contárselo con voz tranquila y pareja, sin hacer expresiones de alarde cuando se menciona el mal o el bien, ya que el niño vive aún en un todo cósmico. Basta ver los títeres que se presentan públicamente hoy en día, en que los niños generalmente gritan de terror. Y cómo no, si el que lo narra pone así el énfasis. Recién después de los siete años el alma del niño puede y debe escuchar un cuento en que las voces hacen énfasis en el contraste entre el bien y el mal.
Luego, lo otro que es importante cuidar, es que ojalá el niño no haya visto con anterioridad imágenes del cuento que le estamos contando, ni en libros, ni en películas, pues le sería imposible de ahí en más separar la imagen que se le ha ofrecido desde afuera, y formarse una imagen propia de lo que ahora escucha. Y con ello la vida imaginativa del niño irá de día en día quedando más atrofiada, igual como le ocurre a cualquier órgano cuando lo dejamos de usar.
El adulto, por haber desarrollado su capacidad pensante, lee un cuento y ¡ya!, que venga otro, y luego otro. Pero el niño, en mi experiencia como profesora de niños entre tres y siete años de edad, cuando escucha un cuento quiere luego volver a escucharlo muchas, muchas veces, y cada vez que lo vuelve a escuchar se va haciendo diferentes imágenes. Pudiéramos decir que el niño se va introduciendo a través del cuento hacia un fondo sin fin, pues al cumplir los cuatro años vuelve a pedir el mismo cuento, y a los cinco y a los seis, y cada vez que vuelve a escucharlo va ensanchando sus imágenes. ¡Miren qué descriterio! cuando el niño ha visto la película del cuento que le contamos, nunca más creará él una imagen, y ¿será aquélla que vio la más adecuada? Y aquel niño pequeño que al volver a escuchar un cuento dice: ¡¡”Pero si ya lo escuché”!! Pobrecito, a ese niño lo hemos hecho madurar antes de tiempo y, a pesar de que tiene cuatro años, ya es como un adulto pequeño. ¡Qué ironía, cuando el hecho es que los niños son tan diferentes a nosotros, los adultos!  
La riqueza del reino, detallada en castillos de oro y plata y cortinajes de terciopelo y copas de cristal, o la belleza de la princesa, nunca hablan de realidades exteriores, jamás. Siempre denotan cualidades interiores alcanzadas por esos seres.
En “La Bella Durmiente del Bosque”, intervienen en su nacimiento las doce hadas (las fuerzas de las doce constelaciones) pero también el hada mala, que es la que más adelante la sume en un largo sueño. Y ahora dependerá del desarrollo en la vida de esa princesa si logra despertar del sueño de cien años en el que se sumió al cumplir los quince, es decir, al entrar a la adolescencia.  La pregunta será ¿podrá la princesa salir de sí misma, de su encierro, de la soledad y egoísmo en que caen todos los adolescentes, pero donde a la vez se hacen personas, y lograr abrirse al mundo y encontrarse a sí mismas en el mundo? ¿No es acaso este cuento un fiel reflejo de la época en que vivimos, en que cada uno de nosotros está encerrado en sí mismo (la torre donde se duerme la Bella Durmiente) y no logra entenderse con el otro? Y que cuando el príncipe en el cuento logra despertar a la Bella Durmiente, de inmediato se le abre un mundo vívido que antes, en su sueño profundo, no veía.  
Miremos lo que nos dicen los cuentos, abrámonos a las imágenes desde las profundida-des que contienen y no las tachemos de inmediato comparándolas con situaciones coti-dianas de la vida. Los niños se llevan en su interior la riqueza de los cuentos de hadas y sólo tendrán susto de ellos si los adultos que se los contamos no los entendemos y los llenamos de prejuicios desde nuestros pensamientos. El cuento jamás debe de ser explicado *ya que las imágenes le hablan por sí mismas al niño y le ayudarán en la vida a tener fortaleza y moralidad y a no sucumbir ante el primer obstáculo que se le presente. ¿No es acaso que hoy en día están en boga las depresiones? Todo en la vida de hoy nos es difícil, pero si no sorteamos el primer obstáculo luego nos llegará uno mucho más pesado, y nos vamos sumiendo y quedando sin alegría para vivir.

Gracias a la sabiduría entregada por Rudolf Steiner
se me han ido abriendo las puertas para la
comprensión de un cuento de hadas.
¡Cómo se deleita el niño al escuchar un cuento
cuando el adulto lleva en su interior su comprensión!

Mónica Waldmann W.
Profesora de Kindergarten desde hace más de 30 años
Colegio Waldorf Giordano Bruno
Santiago Chile

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*Si le explicamos el cuento al niño, le quitamos la magia y lo llevamos a “entenderlo” y no a vivirlo; le secamos el cuento, y por supuesto luego no va a querer escucharlo de nuevo. 

Cómo Evaluamos a la Educación Anti-Autoritaria

Aunque la ola de anti-autoridad que, procedente de América, ha inundado Europa desde hace años, ya ha pasado, hay todavía padres que eligen este tipo de educación. Parten de la base que el niño es un ser de la Naturaleza y que es él mismo quien mejor sabe lo que le conviene. Estos padres creen que lo mejor es interferir lo menos posible y que así irá todo mejor.

Los padres que siguen este método dejan al niño un espacio libre totalmente sin límites, no intervienen en el mal comportamiento, evitan toda presión y se revisten de una paciencia de santos frente a su niño. A menudo se les oye decir: “Tengo que terminar los quehaceres de la casa lo más de prisa posible para poder dedicar tiempo al niño”; cuando lo correcto sería que el niño pudiera imitar, jugando, a la madre en sus labores. En esta educación anti-autoritaria al niño se le pregunta constantemente “¿qué quieres esto o eso? Tales preguntas sacan al niño de su ser infantil y le obligan a adoptar una conducta de adulto, es decir, ¡le hacen viejo!

¿Qué consiguen los padres con esta actitud? El niño se convierte en el tirano de los padres y de su entorno. Pronto descubre cómo patalear y gritar para conseguir cualquier cosa. Con la eliminación de la imagen guiadora, consistente y equilibradora de sus padres sus exigencias crecen sin medida. Se enfadará inmediatamente si no consigue lo que le apetece, especialmente en situaciones en las que su actitud descarada haga sufrir a sus padres, por ejemplo en una tienda llena de gente. En resumen: esta educación sin dirección ni consistencia, que renuncia a ofrecer ejemplo al niño y darle un marco de referencia sobre el que poder elevarse, conduce a un predominio de los impulsos y apetitos inferiores, y con ello se entorpece el desarrollo del hombre superior. Ningún niño está en situación de saber lo que le conviene o lo que le hace daño. Si no lo aprende a través del ejemplo de sus educadores se convierte en esclavo de sus apetitos, inclinaciones e impulsos. El niño necesita experimentar y vivenciar la resistencia de la voluntad del Adulto, fuerte y penetrada por el Yo. Sólo frente a ella puede despertar su propia voluntad de la manera adecuada y ser activada por su Yo en desarrollo. Si no, sufre una debilitación de la voluntad y un embrutecimiento.

Muy a menudo tras el mal comportamiento de un niño se esconde su necesidad inconsciente de provocar que sus padres o educadores le ofrezcan la actitud y resistencia que necesita perentoriamente para el desarrollo de las fuerzas de su ser. Sin embargo, si estas no son estimuladas y desarrolladas en el momento correcto, tampoco existirá la base necesaria para una conducta moral. Este tipo de personas están constituidas de tal manera que de adultos no son capaces de renunciar a nada. Se enfadan e incluso se ponen agresivas si no obtienen lo que quieren, y tampoco tienen nada con que oponerse a las tentaciones de la vida. No han podido desarrollar y fortalecer su voluntad frente a las fuerzas de los apetitos naturales, como tendrían que haberlo hecho.

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Artículo extraído del Boletín de Higiene Social “La Educación de la Voluntad”.

Walter Bühler y Kart Brotbeck

La Lectura en la Pedagogía Waldorf

Quisiera enfocar el tema de la lectura desde antes que el niño aprenda a leer. Y, más que entrar en el tema de cómo aprende a leer, que sería de todos modos interesante de tratar, quiero referirme al alimento espiritual que significa para el alma del niño lo que lee; para lo cual nosotros tenemos que compenetrarnos de la verdadera esencia de lo que decimos o leemos a un niño, además de conocer las necesidades de cada etapa de desarrollo, las exigencias de cada edad y las dificultades individuales, antes de escoger una lectura apropiada para cada niño.

El niño que entra al segundo septenio, que ha cambiado de dientes y comienza a ser parte de una clase primera, aún está inmerso en el mundo del cuento de hadas.

¿Qué son en realidad los cuentos de hadas? ¿En qué época de la historia de la humanidad aparecieron?

La conciencia humana se ha ido desarrollando, hasta llegar a la conciencia actual, a través de épocas históricas o culturales. No ha sido siempre la que es actualmente y, por ende, la historia de la humanidad pre-cristiana y post-cristiana puede ser comprendida sólo en la medida en que aprendamos a respetar la realidad del alma de los hombres en cada época cultural. A esto se refiere Rudolf Steiner como la evolución espiritual del hombre en la Tierra. Actualmente no podemos pensar o sentir como el hombre de la Edad Media. ¿Qué sentía un San Francisco?, ¿Qué pensaba un Tomás de Aquino? Tenemos que aceptar que cada vez que alejamos más la mirada de la época actual, se acrecientan nuestras dificultades para comprender, por ejemplo, a los héroes griegos, a los sacerdotes egipcios, a los pueblos hindúes. Estos pueblos nos han legado lo que son: los mitos, las leyendas y los cuentos de hadas, sin duda de gran belleza.

¿Cuál es el profundo sentido, la íntima verdad que encierran? Los mitos y las leyendas nacieron de la sabiduría que experimentaba el hombre antiguo directamente desde el mundo espiritual. Es una sabiduría imaginativa, de ningún modo arbitraria, pues las imágenes les eran regaladas al alma, que aún estando en la Tierra, podía vincularse, especialmente en la noche, con los seres espirituales. Este vínculo con el mundo espiritual no es posible hoy en día del mismo modo, pues estos años de evolución han permitido al hombre desarrollar la conciencia dada por el pensamiento intelectual. Y desde este pensamiento, ganado a través de estos años de evolución, la Antroposofía nos invita a recorrer un camino en la búsqueda de la verdad, como tan bellamente lo expresa Rudolf Steiner en su libro “Teosofía”:

“Gracias al pensamiento el hombre traspasa los límites de la vida individual y adquiere algo que trasciende su alma. Tiene la convicción absoluta de que las leyes del pensar están en concordancia con el orden del universo y en virtud de ellos se considera a sí mismo como perteneciente al universo. Esta concordancia es fundamental para que el hombre llegue a conocer su propia esencia.

Busca en su alma la verdad y a través de esta verdad se expresa no sólo el alma, sino que se expresan las cosas del mundo. Lo que el pensamiento reconoce como verdad tiene significado propio, autónomo, que concierne no sólo al alma, sino a sí mismo y a todas las cosas del mundo. El encanto que me inspira el cielo estrellado vive en mí; mientras que los pensamientos que concibo acerca de la trayectoria de los astros, tienen para el pensar de cualquier otra persona la misma importancia que para mí. Sería absurdo hablar de mi encanto si yo no existiese; más no es igualmente absurdo hablar de mis pensamientos, aún sin referencia a mi persona, porque la verdad que pienso hoy era también verdad ayer y lo será igualmente mañana, aunque solamente hoy me ocupe de ella.

Al concebir una verdad el alma se une a algo que tiene un valor en sí mismo y este valor no desaparece con el sentimiento del alma, como tampoco apareció con él. Lo que realmente es una verdad, ni nace ni muere: tiene significado indestructible…”

Es esta misma verdad la que el niño, que viene recién llegando a la Tierra, necesita que lo reciba y acompañe en su crecimiento. El niño necesita de imágenes que le permitan experimentar sentimientos de veneración, de devoción. Y así mismo, necesita levantar estos sentimientos hacia algún adulto digno de veneración, pues estos sentimientos de devoción cultivados en el alma durante la niñez se transforman en el adulto en fuerzas para buscar la verdad y el conocimiento.

Durante los dos primeros años de la enseñanza básica sería aconsejable que la lectura estuviera especialmente cuidada en el cuándo, en qué lugar y cómo me he preparado para contar esta verdad a los niños; y para estos cursos son especialmente aconsejables los cuentos de los hermanos Grimm, como se indica en sus biografías: “Jacob y Wilhelm Grimm trabajaron hasta el último día de sus vidas, desde la mañana a la noche, recopilando, ordenando y reescribiendo. Fue un gran trabajo selectivo, sintetizador y de redacción para hallar la forma en que hoy aparecen recopilados los cuentos”.

Si podemos imaginarnos una de estas horas de abnegado trabajo quizás podamos comprender por qué es tan importante respetar una buena edición en la elección de las lecturas para los niños. Además, como pueblo de habla castellana, cuidarnos de conseguir una buena traducción.

Quisiera destacar, además, la importancia que tiene para los niños el que puedan leer primero un libro de lectura hecho a mano por sus padres, antes de leer un texto impreso. Y, por otro lado, los invito a rescatar la lectura hacia los niños. No es lo mismo escuchar de la madre que leer solo y poder compartir las tan bellas narraciones que podemos encontrar a lo largo de nuestra historia.

Pilar Salinas

Profesora Colegio Giordano Bruno

Pizarrón, dibujado por una profesora del Colegio Giordano Bruno

Pizarrón, dibujado por una profesora del Colegio Giordano Bruno

El Calor Hogareño

Incluimos este artículo del Sr. Jakob Streit “El Primer Septenio”, pues consideramos que ayudará a muchos padres a crear un ambiente apropiado dentro de sus familias.

“A menudo, el maestro escucha el siguiente comentario de los padres con respecto a sus hijos: “Nos cuesta mucho esfuerzo dirigir al niño, pero parece que en la escuela no causa problemas”. Ocasionalmente el niño de diez años es, en la escuela, un manso corderito; en cambio un pequeño tirano en la casa, que, incluso en presencia de su madre, se atreve a proferir los términos callejeros más horribles y escapa desafiante cuando se le solicita un servicio. Tales niños no respetan a sus padres porque falta totalmente aquello que Pestalozzi incluía en el “calor hogareño”; en tanto que, en el ambiente escolar, donde se les prodiga quizás tan sólo un pequeño destello de lo que podríamos llamar “poder del aula”, se sienten protegidos interiormente. Falta en la casa esta atmósfera sustentadora.

Y, ¿cómo se origina ese “calor hogareño”, ayuda oculta impalpable, pero real, para que los niños se desenvuelvan como es debido, sin mayores esfuerzos, porque la íntegra actitud de los padres le suministra el sustento apropiado? El tono que reina en la relación entre padre y madre ¿será respeto, consideración, agradecimiento?, este repercute en los hijos. ¿Cuenta el padre sucesos del mundo y de la vida cotidiana, saturados de cálido interés, o, por el contrario, habla de sus compañeros de trabajo, jefes o empleados en términos despreciativos? ¿Arremete la madre contra los vecinos a la hora de la comida? Frente a los niños, se impone, una y otra vez, la siguiente máxima: relatar el mayor número de sucesos que reconforten interiormente; no desahogarse en críticas destructoras en su presencia.

Actualmente, tal vez el único momento en que la familia se reúne es a la hora de comer; ahí donde la “mesa” no signifique tan sólo alimentación y nada más, esta comunidad rítmicamente recurrente puede ser el origen de una buena atmósfera hogareña. Por algo fue que a las buenas costumbres de mesa se les atribuyó desde siempre gran importancia; en algunos pueblos esos hábitos son de un rigor casi de “culto”. La oración de la mesa como expresión de gratitud y unión con Dios constituye algo tan indispensable entre la gente campesina como la sal en la sopa.

Donde reina semejante clima se crea la base para fecundos diálogos, muy distinto de aquel donde cada uno se abalanza sobre su plato tan pronto como la madre reparte la sopa. ¿Por qué no alimentar, además del cuerpo, también al alma en estos únicos momentos de reunión familiar? Particularmente cautivante del interés del niño resulta a la hora del postre la lectura de una pequeña narración, un cuento, un chiste, una anécdota. ¡Qué armonía y concordancia se suscita entonces entre las almas! estas actitudes fomentan el calor hogareño: cinco o diez minutos al mediodía, y otro tanto en la noche después de la cena, contribuyen bellamente a estrechar y fortalecer los lazos familiares. Como consecuencia se entregan después los niños con más voluntad a los menudos deberes cotidianos. Hoy día, la convivencia de los hombres debe cultivarse más conscientemente, sobre todo dentro del ámbito familiar, contrarrestando la confusión que trae el niño de la calle, y el padre y la madre del trabajo, con sus preocupaciones y apuros. Antes de sumergirse en el estudio del periódico, el padre podría buscar algún pasaje de un libro, y leerlo después de comer a la madre y a los niños.

Ahí donde los niños disponen todavía de horas libres y no están absorbidos todo el tiempo por las excesivas tareas escolares, empiezan las fructíferas horas leyendo libros y realizando trabajos manuales. No debiera dejarse al azar su material de lectura: entre los siete y ocho años nos empeñaremos en proporcionarles libros con láminas y cuentos, luego leyendas y pequeñas historietas de animales, más adelante sagas y epopeyas heroicas y, poco a poco, a la par de su crecimiento, descripciones de viajes, biografías, historias del gran mundo; es de gran importancia que cada casa tenga una pequeña biblioteca donde el niño en edad de crecimiento tenga a disposición una serie de buenos libros que lo acompañen fielmente. Así avivamos el calor afectivo de la atmósfera hogareña, sin necesidad de grandes y aparatosos estantes.

El aspecto de la vivienda que diariamente ocupa el niño, ejerce en él una gran influencia; afortunadamente no depende de gastos la bondad del ambiente: una habitación muy lustrada con muebles caros tapizados en terciopelo puede resultar fría e impersonal, mientras que una pequeña habitación con una mesa coja, una repisa de libros hecha con cajas de madera, dos o tres cuadros en la pared, es capaz de crear un íntimo ambiente acogedor.

¿A dónde se dirigen las últimas miradas del niño antes de dormir? ¿A dónde las primeras al despertar? Unas tarjetas artísticas colocadas junto a su cama, irradian tranquilidad y protección.

“Calor hogareño” denominó Pestalozzi a todo aquello que contribuye a crear positivamente el espíritu y la atmósfera del hogar: corresponde a la madre gran parte de esta labor. ¡Qué hermoso, por ejemplo, es que a menudo cante ella con los niños! Ahí donde se logre crear una nota básica en que confluyan la actitud benévola, el rigor y la mansedumbre, la seriedad y la alegría, se podrán superar fácilmente muchos escollos de la educación, que de otra manera causan serias crisis”.